George Santayana en su libro la Razón en el sentido común, dijo: «Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo». Pues bien, hay historias que deben evocarse pues ellas nos trasladan a los ciclos de violencia y paz que ha tenido el mundo y para demostrar el otro adagio popular: “no hay enemigo pequeño”, según el refranero popular español. Empecemos por el ejemplo de una mujer: la reina Boudica (también conocida como Boadicea). Fue una líder de la tribu celta de los icenos en Britania que lideró una feroz rebelión contra el Imperio Romano en el año 60 d.C. tras ser brutalmente maltratada por los invasores. Tras la muerte de su esposo Prasutago, los romanos ignoraron su testamento, anexaron su territorio, azotaron a la reina y ultrajaron a sus hijas. Boudica unió a múltiples tribus celtas y logró arrasar y quemar tres importantes ciudades romanas: Camulodunum (Colchester), Londinium (Londres) y Verulamium (St. Albans). Durante esta ofensiva, su ejército logró derrotar a la Legion IX Hispana de los romanos. Se suicidó para no ser capturada por el enemigo. La historia muestra que la violencia siempre termina mal, hasta para los imperios más poderosos. (Wikipedia).
Otra crónica conmovedora es la narrada en https://www.abc.es/historia/abci-guerra-exterminio-mongoles-llevaron-cabo-contra-mundo-islamico. Genghis Khan había conquistado territorios de China y había capturado sus tesoros. Hubiera sido suficiente, pero se empeñó y puso su vista hacia el oeste “allá donde las tierras estaban dominadas por los musulmanes.” la invasión se convirtió así en una revolución interna contra el emperador, que ni siquiera logró levantar un ejército para forzar una batalla decisiva. Genghis Khan levantó en el otoño de 1218 un ejército de 250.000 hombres. Los nómadas eran adeptos al culto de los chamanes, para quienes todas las religiones venían a ser lo mismo. De ahí que en el séquito de Genghis Khanhubiera desde sacerdotes lamas, budistas, maniqueos a nestorianos. La mayoría de las ciudades y tierras cayeron. Resumiendo: “los mongoles respondieron a la guerra santa con una auténtica guerra de exterminio”.
Las dos historias anteriores muestran que entre Naciones debe prevalecer la concordia y la paz. Que la conquista de territorios ajenos, levanta odios y querellas y guerras que dejan muerte y miseria o destruyendo ciudades donde “no queda ni perro ni gato con vida”. Colombia ha vivido entre guerras tanto que antes de la Constitución de 1886, hubo más de 70, entre revoluciones y trastornos por todo el territorio, por eso hemos llegado a afirmar que “el derecho constitucional no era un método dialéctico para pensar en la vida del Estado, sino una estrategia política, tanto, que las constituciones expedidas entre 1843 y 1886, se hicieron contra alguien. Es decir, los procesos políticos son conflictivos, no resuelven los problemas de fondo y, por el contrario, terminan por agravar las condiciones sociales, económicas y políticas de los más vulnerables, mientras las élites se reparten el gobierno y se gastan el presupuesto en su propio interés. Es entonces, la hora de la VIDA y de la PAZ.
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