Según analistas económicos “los ricos siguen siendo más ricos principalmente porque su dinero proviene de inversiones en activos productivos, como acciones o empresas, que se revalorizan a un ritmo superior al crecimiento de la economía. Este fenómeno, sumado a la ventaja del interés compuesto, les permite generar riqueza a una velocidad que supera con creces los ingresos obtenidos únicamente por el trabajo.” El patrimonio de las personas adineradas está invertido en capital que genera ingresos pasivos. Históricamente, el rendimiento de estas inversiones crece más rápido que los salarios promedio, lo que ensancha la brecha de ingresos. Las grandes fortunas tienen acceso a asesoramiento financiero especializado que les permite optimizar el manejo de sus impuestos y la protección de su patrimonio. Wikipedia explica tal crecimiento económicos con el “efecto Mateo”, que consiste en que la acumulación de dinero y poder se da donde la riqueza preexistente facilita la obtención de más recursos, popularidad o influencia, haciendo que el proceso de ganar dinero sea cada vez más automático y exponencial.
Por ello relacionar la pobreza y la desigualdad con el comunismo o con experiencias socialistas es un engaño político mediante tretas, artimañas y fraudes, para deslegitimar gobiernos o partidos que pregonan los derechos de todos hacia una sociedad de abundancia e igualdad. Veamos: Según datos de la economía mundial que se conocen por informaciones públicas, en el mundo hay aproximadamente 3.428 multimillonarios (personas con un patrimonio neto superior a los $1.000 millones de dólares). Pero si se incluyen todas las personas cuyo patrimonio supera el millón de dólares, la cifra asciende a cerca de 60 millones de personas a nivel global. Si el cálculo de la población mundial actual es de 8.000 millones de personas aproximadamente, esto representa menos del 1% de todos los habitantes de la tierra en edad de trabajar. No se trata, entonces de pereza, holgazanería o vagancia, sino de falta de oportunidades, que el Estado y la sociedad deben ofrecer. La Constitución de 1991 dice que “El Estado protegerá a aquellas personas que por su condición económica, física o mental, se encuentren en circunstancia de debilidad manifiesta y sancionará los abusos o maltratos que contra ellas se cometan.” Por su parte el artículo 333 de la misma Carta fundamental expresa: “La actividad económica y la iniciativa privada son libres, dentro de los límites del bien común”…y agrega: “la empresa como base del desarrollo, tiene una función social que implica obligaciones.”
Luego, la pobreza no se acaba si los más ricos atesoran todo y los más pobres no tienen oportunidades de ascenso social, mediante un trabajo adecuado y una remuneración justa, con financiación estatal para crear microempresas que sobrevivan a las condiciones económicas de una social digitalizada, y con ventajas especiales para hacer sólidos los emprendimientos, en medio de la dura competencia que generan hoy los monopolios. Los que pregonan la lucha de clases y no la solidaridad, los que dicen que los pobres son unos vagos y mantenidos no pueden explicar, cómo esas palabras las pronuncian personas que nacieron en cuna de oro y nunca han hecho esfuerzo alguno para multiplicar el patrimonio de sus abuelos y padres que les han dejado imperios que resisten las alzas y bajas de los mercados. Mientras los salarios suben por la escalera, los precios de todo bien o servicio suben por ascensores de alta tecnología. El papel del Estado, entonces, es eliminar con mecanismos idóneos de política pública la desigualdades. De otra manera los pobres siempre estarán con nosotros y la violencia y la lucha de clases jamás acabará. ¡Solidaridad no es comunismo, ni socialismo!
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