GOBIERNO DELAESPRIELLA: ANUNCIOS, ANUNCIOS

La eficacia de un gobierno se mide comparando los resultados alcanzados frente a los objetivos o metas planeadas, utilizando indicadores cuantitativos y cualitativos de gestión. En la evaluación de las políticas públicas se emplean encuestas, análisis de datos y evaluaciones de impacto para comprobar si los programas sociales o económicos mejoraron la vida de la población. Pues bien, el gobierno tiene los siguientes datos sobre el terremoto: “Según las cifras oficiales, la emergencia ha dejado 329 personas fallecidas, 4.592 heridas y 234 desaparecidas. El desastre podría costar $30 billones incluyendo reconstrucción de inmuebles. Además, los organismos de atención y respuesta han logrado rescatar a 364 personas durante las labores desplegadas desde el momento en que ocurrió el terremoto”. Pero en vez de dedicarse el alto gobierno a estructurar el plan estratégico para atender de inmediato a las víctimas repartiendo las ayudas monetarias y de alimentos, y/o atención en albergues temporales y hospitales y clínicas, el propio presidente se ha dedicado a tomar fotos, para repartir a los medios de la derecha, que lo exaltan por su sonrisa y por haberlos montado en el avión de la presidencia a participar de esas visitas que más parecen de jolgorio y distracción que de apoyo a los damnificados. En muchas regiones de Colombia todavía no ha llegado ninguna ayuda y se han limitado a recoger escombros. Un desastre sin planificación a la vista.

Las fotos de la ayuda se han concentrado en Quibdó y capitales de departamentos, dejando a las zonas rurales y apartadas con graves retrasos en la asistencia. Sin acceso para ese apoyo vital han quedado territorios ancestrales alejados en la selva del Departamento del Chocó, Valle del Cauca y Risaralda a los que toma días llegar. Más de 400 carreteras destruidas bloquean el paso terrestre de suministros de la UNGRD hacia las zonas montañosas y selváticas. Es decir, el Señor Presidente solamente va donde haya público que lo aplauda. No está en el cargo para servir al pueblo sino para que lo reconozcan como una especie de tiranuelo, emperador o rey, a los que se parece más que a un trabajador pagado con dineros del Estado, incluyendo el avión y los helicópteros donde se movilizan él y su esposa, en la primera línea de toda fotografía. Ese era el cambio que querían los ricos y los contratistas profesionales de la derecha. Un Presidente arrodillado al capital y obediente a toda decisión oficial donde el pueblo no represente nada, y que se ocupe solamente de sus tareas sin visibilidad de sus desgracias y necesidades. Ese fue el cambio que le ofrecieron a Colombia, esas ideas se impusieron en la narrativa de la información política y esos son los resultados que tenemos: ineficiencia, sorpresa, frustración y miedo a un futuro incierto, pero con mucho anuncio y violencia. Hay que seguir evaluando, sin dejarse asombrar por un gobierno folclórico e ineficiente.

Se el primero en Comentar

Deja tu respuesta