RIQUEZA y DEMOCRACIA

En el libro “La Atenas de Pericles” Editorial Alianza, 1970, podemos leer lo siguiente: Pericles “creyó que el pueblo ateniense liberado de viejas trabas y cargado con nuevas responsabilidades, era único y el más estimable del mundo…creía en la valía de sus ciudadanos particulares cualquiera que fuese su clase u origen…Su logro extraordinario fue más allá de los límites que su educación le imponía y comprender que Atenas llegaría a ser una gran Ciudad si todos los ciudadanos desempeñaban su parte y se les daba la posibilidad de desplegar al máximo sus capacidades..” Mutatis mutandis, lo mismo podría decirse hoy de Colombia. Pero falta algo que en el mismo libro cuentan de lo que el autor al referirse a Clístenes y señalar al pueblo por boca de Heródoto, el pueblo  era la muchedumbre sin privilegios, cuya pobreza hacía que nada importase ni pudiese, pero Clístenes “hizo entrar al pueblo en el consorcio”.  Así Clístenes tomó el mando de estas masas y estableció una auténtica democracia. Págs. 21 y 83.

Algo parecido está ocurriendo en Colombia, porque tenemos un pueblo maravilloso y trabajador, riquezas que envidian otras naciones que incluso quieren invadirnos, dos mares, naturaleza envidiable, ríos majestuosos que se extienden de sur a norte, poniendo el rito de la vida a figurar en el primer plano de su magnífico medio ambiente. Pero la desigualdad nos está llevando a la más horrible polarización, porque las clases altas, los estratos 5 y 6 no patrocinan el cambio, ni entran al consorcio con el pueblo. Lo quieren arrodillado trabajando para ellos, pero sin darles oportunidades para una vida digna, con salud, educación y trabajo bien remunerado.

Petro está logrando todo eso porque entendió que la Constitución de 1991 lo dice  con mucha claridad, pero el entramado de leyes e instituciones que la derecha inventó y desarrolló son un terrible obstáculo para alcanzar la democracia del pueblo que establece la Constitución colombiana. Falta entonces, que los poderosos entiendan que sin trabajadores no hay país ni riqueza, que sus riquezas pueden terminar en ceros e, incluso, que van a tener que contratar trabajadores extranjeros que se dejen humillar como es su teoría social y laboral. Si ellos entendieran que las riquezas nacionales son de todos y a cada uno de los habitantes les corresponde una parte importante “del país de la belleza”, se podría acordar un procedimiento para la unidad nacional, acabar con la polarización y vivir en paz, sin que los campesinos pierdan sus tierras de labranza, sin que los asesinen o desplacen y sin que los grupos dedicados a actividades ilegales compren sus conciencias con dineros del narcotráfico.

El papel de los ricos en la sociedad es complejo y genera diversos debates. Por un lado, se les atribuye la generación de empleo, el impulso a la innovación y el pago de impuestos que financian el gasto público. Por otro lado, se cuestiona su rol cuando la acumulación excesiva de capital deriva en una alta concentración de la riqueza y desigualdad. Colombia tiene un gran potencial, pero no podemos destruir el medio ambiente, porque la Corte Constitucional ha dicho que la nuestra es una Constitución ambientalista, por sus ríos, sus pájaros y animales salvajes, por sus bosques y por los mares que hacen del país un territorio magnífico, inigualable y espectacular para la inversión.

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