Las personas que están habilitadas para votar en determinadas elecciones venden su voto, unos por dinero y otros lo intercambian por ron, aguardiente, tejas o mercados. El gobierno Petro les enseñó que sin la venta de sus votos y respetando su dignidad como personas, pueden obtener beneficios del Estado sin denigrar de sí mismos, sin menoscabar sus principios morales y sin arrodillarse a los poderosos. Les recordó el gobierno Petro que la soberanía reside en el pueblo y que el pueblo puede ejercerla directamente. Eso se llama democracia y se hace a través de las elecciones, en las consultas populares, en los referendos y al escoger una Asamblea Nacional Constituyente. En todos los casos el voto es secreto y nadie tiene por qué enterarse de la decisión que el votante escogió. Si les vende el voto a los ricos está escogiendo una plutocracia y si está votando por corruptos está escogiendo una cleptocracia. Después ya no puede arrepentirse si le niegan derechos, si los salarios que le pagan son de hambre y si por protestar lo llevan a la cárcel, o si su familia desaparece en un falso positivo.
Las mejores democracias del mundo son lideradas principalmente por países del norte de Europa y Oceanía, encabezadas por Noruega, Islandia, Suecia y Nueva Zelanda. Estas naciones destacan en el Índice de Democracia elaborado por The Economist Intelligence Unit y los estudios del instituto V-Dem, gracias a sus sólidas instituciones, altas tasas de participación ciudadana, libertades civiles garantizadas y sistemas electorales transparentes. El voto no puede venderse, porque cuando los jóvenes, las mujeres o los hombres venden su voto, están vendiendo su libertad, la posibilidad de mejores trabajos, estudios y salud o servicios públicos eficientes y baratos.
Las prácticas electorales corruptas incluyen el soborno de votantes, la obtención de fondos de campaña mediante promesas de beneficios ilegales, tales como contratos favorables con el gobierno como recompensa a los donadores, sobornar a los candidatos opositores para que se retiren de la contienda y un manejo encubierto de los gastos de campaña para poder exceder los límites. La falta de transparencia, especialmente cuando los sistemas electorales no incluyen la financiación pública exclusiva con dineros del Estado y permiten la financiación privada, conducen a la violencia y al monopolio del poder por unos pocos poderosos o corruptos, que explotan a las mayorías populares.
Entre los delitos que se castigan en Colombia con prisión están: corrupción al sufragante, voto fraudulento, constreñimiento al sufragante, ocultamiento retención y uso o posesión ilícita de cédulas, financiación de campañas con fuentes prohibidas, entre otros. A esto se pueden sumar los pactos, acuerdos o coaliciones políticas con condenados, protagonistas de escándalos o personas inescrupulosas, y con ello se genera fraude electoral. Sin embargo, algunas de estas violaciones se han normalizado por el tratamiento de las autoridades contra acciones corruptas, lo que genera una especie de complicidad con impunidad a pesar del discurso moralista de algunos sectores de la sociedad. Art. 258 Constitución de 1991. “El voto es un derecho y un deber ciudadano. El Estado velará porque se ejerza sin ningún tipo de coacción y en forma secreta por los ciudadanos en cubículos individuales instalados en cada mesa de votación sin perjuicio del uso de medios electrónicos o informáticos…” El voto no es una mercancía, no se puede vender. Del voto secreto depende nuestra democracia, nuestra libertad y todos nuestros derechos fundamentales.
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