La expresión «levantar la alfombra» (o «levantar las alfombras») proviene directamente de una metáfora del ámbito doméstico y de la limpieza del hogar. Nació de la vieja y descuidada costumbre de barrer la suciedad, el polvo o los desperdicios y, en lugar de alzarlos con el recogedor, esconderlos debajo de la alfombra para que la casa parezca limpia a simple vista. El expresidente GUSTAVO PETRO les levantó la alfombra a las mafias de la contratación, de las pensiones, de la salud, de los peajes, de la burocracia temporal, enquistados en la derecha que ahora tiene la narrativa estúpida de hacernos creer a los colombianos que la inmoralidad en el manejo de los recursos públicos nació con el gobierno que terminó el 7 de Agosto del 2026.
Pero la estupidez de la raza humana ha desaparecido con la educación que hoy nos brindan las universidades, los medios independientes y la Inteligencia artificial, que en su conjunto constituyen la nueva fuente del conocimiento y de la sabiduría universal. Recordemos que en los tiempos antiguos los monarcas y jefes tribales eran los poseedores del poder sobre la vida y la libertad. Hoy estamos derivando con más fortaleza en los saberes, que nos repiten cada día, que la democracia es el mejor sistema frente a las tiranías y las dictaduras, porque cuando las decisiones las tomamos entre todos, en igualdad de condiciones, los ricos y los poderosos no nos pueden arrasar. En efecto, un voto del rico vale lo mismo que el de un pobre, un hombre de calle o cualquier desvalido. Si, la verdadera razón es la dignidad humana porque ella “es el valor intrínseco, inalienable y universal que tiene cada persona por el solo hecho de existir, sin importar su origen, condición social, raza, religión o género.
Y el odio de los poderosos y los clanes políticos contra GUSTAVO PETRO nace, primero, del rescate de la dignidad humana que hizo su gobierno de los pueblos de la periferia que estuvieron abandonados desde los tiempos de la independencia nacional y, segundo, de haberle contado a Colombia cómo se han robado los recursos nacionales, incluido el presupuesto y las riquezas del subsuelo, con cuyos billones, hoy seríamos una gran potencia, si la corrupción no los hubiera evaporado. En efecto, revisando cifras del pasado, los corruptos se han quedado con “alrededor de $50 billones anuales según cálculos de organismos de control como la Contraloría General de la República”. El país alcanzó un puntaje destacado de 40 puntos en 2005, en el índice de corrupción, pero tocó un mínimo histórico negativo para ese ciclo en 2011 con 34 puntos. Y no hemos podido ser ejemplo de moralidad, no por el pueblo que no roba, sino por los poderosos que en su ambición no respetan el dinero público.
Con los recursos perdidos anualmente, en las últimas 4 décadas, se podrían construir en cada periodo presidencial, cerca de 1.000 hospitales o financiar una parte sustancial de la inversión pública del país. Entonces, que no nos crean imbéciles, afirmando que quien se robó el país fue el último gobierno. Desde antes Colombia ha sido saqueada por los partidos y líderes de la derecha, clanes y contratistas poderosos, únicos gobernantes que había tenido Colombia. El gobierno de izquierda entre 2022 y 2026, es el único que ha tenido el país desde su creación como República independiente. Eliminemos la narrativa del odio y pidamos que todos los gobiernos de los últimos 20 años respondan por sus desmanes. Y como hay contratos que todavía persisten desde mucho tiempo atrás, (delito continuado) que respondan los demás, si no se ha presentado el fenómeno de la prescripción. Y que Alcaldes, gobernadores y Congresistas investigados paguen con cárcel su inmoralidad. Esa es la verdadera revolución que exige y necesita Colombia.
Se el primero en Comentar