Una de las grandes ideas debatidas en la pasada campaña fue si acabar o no con el fracking o fracturación hidráulica que es un método para extraer gas y petróleo del subsuelo profundo. Consiste en perforar un pozo vertical y luego horizontal, e inyectar a gran presión millones de litros de agua mezclados con arena y productos químicos para romper la roca y liberar los combustibles atrapados. Estados Unidos, Argentina, China y México son los principales países donde se ha aplicado intensamente el fracking, generando graves impactos socioambientales como sismicidad inducida, contaminación de acuíferos y desplazamiento de comunidades locales. No se trata de una idea cualquiera, sino de un desastre concebido por la ambición humana, para sacarle a la tierra hasta el último suspiro, como hace el perro con un hueso carnudo.
El fracking causa graves impactos ambientales, destacando el consumo masivo y contaminación de fuentes de agua con químicos tóxicos, la emisión de gases de efecto invernadero como el metano, la sismicidad inducida por la inyección de aguas residuales, y la fragmentación de ecosistemas. Cada pozo requiere millones de litros de agua dulce que se sustraen de fuentes locales. La propuesta, por tanto, “de desarrollar el fracking hasta donde dé”, es muy mala por no decir pésima, y hay que combatirla ideológicamente con todas las fuerzas de la ciudadanía activa, para defender los recursos perecederos de la naturaleza que cuidan y protegen la vida del la especie humana. Es intolerable que por el afán de riqueza, las familias dedicadas a tan ominoso oficio, nos quieran llevar a nosotros y a las futuras generaciones a una campo suicida, donde la mayoría perdamos la posibilidad de conservar los recursos ambientales que la tierra ha dispuesto para todos los seres vivos.
Qué se lleva el rico a la tumba? Nada. Es el mayor misterio de la vida. Se trabaja por el enriquecimiento paulatino, para dejar el mundo con todas las riquezas almacenadas, sin que ninguna de ellas acompañe al difunto al futuro incierto de la eternidad. No podemos ceder ni un milímetro ante un gobierno abusivo, que por defender intereses particulares atente contra el interés general y ambiental de todos los colombianos. La Carta Política ambientalista o verde de Colombia se compone de más de 30 artículos en la Carta constitucional de 1991 y que consagran el medio ambiente como principio, derecho, deber y fin del Estado. La Corte Constitucional ha ampliado esta visión mediante una sólida jurisprudencia de carácter ecocéntrico.
En la Sentencia T-760/07 la Corte Constitucional dijo: “En lo que respecta a la función ecológica de la propiedad, la Corte advirtió, para lo cual resaltó la influencia y cambios que la Constitución de 1991 imprimió en nuestro código civil de 1887, que la misma es la respuesta del constituyente para enfrentar el “uso indiscriminado de los bienes y derechos particulares en contra de la preservación del medio ambiente sano, considerado como un derecho y bien colectivo en cuya protección debe estar comprometida la sociedad entera”. De acuerdo con la sentencia en comento, la ecologización de la propiedad es producto de la evolución del concepto de Estado, de un parámetro puramente individual (liberal clásico) a un mandato que supera -inclusive- el sentido social de la misma para, en su lugar, formular como meta la preservación de las generaciones futuras, garantizando el entorno en el que podrán vivir.” La batalla será, entonces, todos contra DELAESPRIELLA si insiste en el fracking como forma de llenar el bolsillo de los más ricos y acabar con los ecosistemas colombianos que nos pertenecen a todos. ¿No le dirán nada los RECIENTES terremotos DE Venezuela y Colombia al presidente DELAESPRIELLA, que quiere llevarnos a todos al sacrificio humillante de la destrucción de nuestra naturaleza?
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