La idea de De la Espriella de construir mega cárceles al estilo Bukele en el Salvador, sin especificar el tipo de penas que deben recibir los criminales que sean llevados a ellas, es un entuerto del derecho que lo expone únicamente quien no entiende el derecho penal Colombiano y destinado a sancionar violaciones en un Estado Social de Derecho. En efecto, “El derecho penal en Colombia se estructura bajo los principios de un Estado Social de Derecho (Art. 1° de la Constitución de 1991), lo que significa que el ejercicio del poder punitivo del Estado (ius puniendi) debe estar estrictamente limitado por el respeto a la dignidad humana, la intervención mínima, el principio de legalidad y la búsqueda de la resocialización. La Dignidad Humana es el núcleo fundamental del Estado; impone que el sistema penal no puede tratar al procesado o condenado como un simple instrumento, garantizando el respeto a sus derechos básicos sin importar el delito cometido. La expresiones de campaña del candidato de la derecha, llamando bandidos a los que no pertenecen a su ideología o a quienes sean procesados por delitos sin saber las circunstancias de tiempo, modo y lugar de los hechos, demuestra una ignorancia total de en qué país estamos viviendo.
De la Espriella está demostrando que su paso por la Universidad no le permitió estudiar y profundizar determinadas materias, porque, por ejemplo, en derecho público es nulo y, en derecho penal, frente a las ideas presentadas en la campaña política, da a entender que su paso por la Universidad fue de visitante y no como alumno destacado. Gobernar un país requiere conocer la idiosincrasia de los habitantes de las profundidades del territorio y de los que viven en las grandes ciudades. Ambos grupos de seres humanos son diversos, en su forma de vivir, hablar y entender los problemas. Los citadinos comprenden la complejidad de habitar territorios con millones de habitantes. Los campesinos son relajados, tranquilos, sus días son de trabajo y sus noches de descanso. Hablan poco pero su sabiduría es ancestral. Los pueblos indígenas son otro ejemplo de lo que pueden la antigüedad de sus costumbres y vivencias, adorando deidades con formas físicas, que los diferencian de los que han nacido cubiertos por los mitos de ciertas religiones.
El derecho penal se utiliza como «última ratio» (último recurso). El Estado debe priorizar otros mecanismos de control social antes de acudir a la sanción penal, restringiendo su aplicación solo a las conductas que causen mayor lesión a los bienes jurídicos más preciados. No todo delito tiene que generar el enfermizo castigo de una mega cárcel, de las que podría construir el “Bukele colombiano”, Señor De la Espriella.
Claus Roxin afirmaba: “Las debilidades de los sistemas abstractos no solo radican en su posición defensiva contra la Política –Criminal sino, de un modo más general, a un abandono de las particularidades del caso concreto, en que, por tanto, en muchos casos se paga la seguridad jurídica a costa de un menoscabo de la Justicia”. Por tanto, no debe un sistema de derecho penal, con la excusa de un afán de justicia, permitir que los excesos o defectos en su implementación vayan en detrimento de las garantías y la seguridad jurídica. Y, por último, las directrices político criminales sistemáticas e interpretativas deben ser principios ordenadores que deben ponderarse, pero no sólo teniendo en cuenta que son estáticos sino ayudando a su adaptación con trabajos y estudios interdisciplinarios, especialmente sociológicos y psicológicos.
Como conclusión: el Señor De la Espriella, puede ser defensor de narcos, contrabandistas y paramilitares, pero cuando se refiere a los demás colombianos está fuera del contexto nacional e internacional del derecho penal moderno. Por eso los colombianos que quieran protegerse y proteger a sus familias y amigos, deben votar por Iván Cepeda que prefiere la paz al abuso del derecho. El Señor De la Espriella puede ser presidente de cualquier dictadura, pero no de un Estado Social de Derecho como es Colombia.
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