ESTÁN ATERRADOS

Los ricos y poderosos políticos de Colombia están aterrados por la forma como el Presidente Gustavo Petro les golpea la cara en lo que ellos más han cuidado: el poder y el dinero público. El primero para que ellos, sus hijos y beneficiarios de su amistad lleguen a los más altos cargos del Estado; el segundo, para mantener a la población pobre sometida a la entrega de “migajas” mientras ellos se llenan los bolsillos  y sus empresas de contratos de concesiones, grandes obras públicas y contrataciones directas como ocurrió en la pandemia de Covid19, los tornados en San Andrés y Providencia y el abuso con la ley de garantías, cuyos contratos al parecer no se han liquidado por negligencia operativa de los organismos de control y la Fiscalía.

No pueden aceptar que haya tanto afrodescendiente rodeando a la Vicepresidenta Francia Márquez cuando los hijos de los “blancos” están sin empelo y no pueden acceder a embajadas y consulados. Tampoco son partidarios de reformas a la salud que ellos controlan con grandes inversiones y manipulan con relaciones no especificadas con los grandes laboratorios y farmacéuticas, a base de pactos o acuerdos de confidencialidad. Menos quieren una reforma laboral que devuelva y consolide los derechos de los trabajadores porque con tanto gasto no podrán pagar la gasolina de sus ferraris, lanchas y aviones que les sirven para sus merecidos descansos, después de trabajar tan duro “por la patria”. Y, claro, lo peor es que la fuerza pública ya no cuida sus fincas y áreas de recreo, sino que están conteniendo manifestaciones por protestas sociales que “los de arriba” consideran actos contra la seguridad del Estado y terrorismo.

Pero se les olvida que durante dos centurias los dineros depositados por los ahorradores apoyaron el crecimiento de las grandes empresas (de propiedad de los más ricos) y dejaron de hacerlo con emprendimientos de pequeñas y medianas empresas, que hubieran irrigado la riqueza por todos los estratos y no solamente para los privilegiados del estrato seis. Tenemos unas instituciones públicas débiles que no sirven para el cumplimiento de los fines estatales, porque todo se maneja a través de conciliábulos, en círculos masónicos, alejados del pueblo que tiene las mayorías para decidir. Si hubieran cuidado a los pobres dándoles oportunidades, la ruptura ideológica y política del Presidente Petro no los tendría tan asustados y contribuirían al desarrollo del pais como los mejores soportes de las nuevas ideas. Pero los poderosos no quieren reformas y ya se alzan voces populares que piden una Constituyente. Veremos qué pasa cuando se hundan las reformas como es su deseo.

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