La soberbia en los gobernantes es un defecto que anula el diálogo y la empatía. Suele manifestarse como una ceguera ante las necesidades ciudadanas, incapacidad para aceptar errores y un fuerte rechazo a las críticas, lo cual termina fracturando la confianza pública y la gobernabilidad democrática. Este tipo de individuos cancelan el debate constructivo y minimizan a quienes piensan diferente, rodeándose a menudo de aduladores en lugar de consejeros objetivos. No dudan incluso es manifestar públicamente que va a “destripar a sus adversarios”. Una amenaza que por provenir de un aspirante a gobernar puede resultar una realidad, que se convierte en masacres y en exclusiones, en algunos casos, de la mitad de la población de un país. Asimismo, la literatura a menudo describe esta actitud como un rasgo de ceguera moral y falta de respeto institucional.
“La filosofía tomista, también llamada filosofía perenne, define al sujeto de soberbia como aquel individuo que tiene un amor desordenado hacia su propio bien, por encima de otros bienes superiores, hasta el punto de llegar a despreciar la dignidad de otros. En el caso de los mandatarios que la practican, puede llegar a conculcar el respeto institucional, clave del arco sobre el que se asienta la democracia. El soberbio es un hombre inicuo.”( https://www.conectaindustria.es/) Lo único que puede hacerse es “denunciarlo con toda energía, por todos los medios a nuestro alcance, con respeto y argumentos. Combatir los sofismas, develando los falsos principios en los que se asientan y los espurios intereses que esconden”. (ídem fuente).
La personalidad de ABDELASPRIELLA es la de una persona ambiciosa, histriónica, y un estilo de vida ostentoso. Sus críticos lo cuestionan por haber defendido a personajes polémicos y por contribuir a la polarización del país. Un ejemplo histórico de una caída por causa de la soberbia la encontramos en la antigua Roma con Julio César quien por su desdén hacia las instituciones tradicionales republicanas y su abierta confrontación con el poder romano le generaron una conspiración impulsada por su desmesurada ambición, culminando en su trágico asesinato en los Idus de marzo. Otro líder moderno Sadam Hussein mandatario de Irak quien cayó por su negativa a ceder frente a las presiones internacionales y su continua represión a la disidencia interna, creyendo que su régimen era intocable, pero al final lo llevaron a la caída tras la invasión de 2003. Y sin ir muy lejos, está el ejemplo de Alvaro Uribe que se creía intocable, ha sufrido ya varias derrotas electorales por la oposición a su forma de gobernar y el desprecio por sus adversarios.
Y una de las más estrepitosas caídas la tuvo Napoleón Bonaparte quien por su excesiva confianza y decisión de invadir Rusia en 1812, desafiando el clima y subestimando al enemigo, resultaron en el desastre de su ejército y su exilio, marcando el fin de su imperio. Pero también es bueno recordar a Pepe Mujica expresidente de Uruguay un ejemplo destacado de gobernante célebre por su humildad. Su liderazgo se caracterizó por la coherencia radical entre su discurso y su estilo de vida, convirtiéndose en un referente internacional sobre el verdadero servicio público. Para Colombia Abelardo no es un ejemplo, sino un reto que se le impone a la paz y a la justicia social y que debe resolverse el 21 de Junio, día de la segunda vuelta presidencial en la Colombia del 2026.
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