PAIS EMBRUJADO

El significado real de embrujo es la acción de ejercer una atracción misteriosa, una fascinación profunda o un hechizo sobre alguien. En sentido figurado es un estado de fantasía intenso, confusión o la sensación de estar dominado por los encantos de otra persona o situación. Pues bien algunos colombianos que no conocen la administración pública, creen que dentro de la misma todo se puede hacer y que los poderes presidenciales son infinitos. Pero la Constitución y las leyes tienen controles estrictos pues el Artículo 6º de la Carta política dice: «Los particulares sólo son responsables ante las autoridades por infringir la Constitución y las leyes. Los servidores públicos lo son por la misma causa y por omisión o extralimitación en el ejercicio de sus funciones”. Los servidores públicos tienen una triple responsabilidad. Primera, por quebrantar la ley,  segunda, por omisión (dejar de hacer lo que les corresponde) y tercera, por extralimitación (actuar por fuera de sus competencias o facultades legales). Luego, poco a poco veremos que toda “la fanfarria” levantada por el presidente DELAESPRIELLA, se irá apagando en la medida que encuentre los escollos que todo administrador experimenta: la maraña de normas, que parecen autorizar mucho y que, en realidad, no permiten verdaderas competencias para satisfacer todos los deseos de los votantes del elegido.

Una cosa es comprar el tiquete para viajar a la “patria milagro” y otra muy diferente cuando se encuentre ante la realidad del paisaje colombiano, donde siempre hay “una guerra de la administración contra el gobierno” como decía Alfonso López Michelsen. Los primeros en no dejar que las decisiones se tomen con la rapidez que se creía se podría dar en un gobierno autoritario como el que se eligió en junio y se posesionó en Agosto, son los funcionarios de carrera administrativa, porque saben que nadie los puede remover sino mediante intrincados procedimientos. Basta con que uno de ellos le diga a su superior “eso no se puede hacer Doctor, porque existe tal ley, tal artículo y tal parágrafo que impide lo que Usted quiere hacer ya. Primero tiene que ir al Congreso a que le cambien la ley”. Y hasta ese límite del poder llega el afán del funcionario elegido o nombrado. Y luego, en el  Congreso, tiene el otro contrapoder. Los Congresistas “viejos y espuelones” saben que autorizar todo es la muerte política, porque el Ejecutivo los puede avasallar. Y, finalmente, está la justicia, que tiene a parientes y amigos regados por Cortes, Tribunales y Juzgados, que aun cuando muchos crean que existe total imparcialidad y sujeción a la ley, todos ellos tienen su “corazoncito”, atado a nombramientos en la administración pública, asesorías, contratos de prestación de servicios y otras canonjías que aparecen cuando alguien del entorno denuncia, que fulanito o fulanita es la hija del magistrado tal o del juez “x”, que le pueden hacer la vida imposible.

El poder no es como lo pintan, porque fuera del sector público están los empresarios que unidos pueden tumbar cualquier gobierno con el poder de su dinero y con las amistades que mantienen con la fuerza pública. A veces los gobiernos tambalean. No por falta de votos sino por falta de plata para financiar una campaña o unos gastos “urgentes”. Recordemos que «Ningún gobernante está definitivamente seguro de la obediencia de su gente porque el poder absoluto es solo un vestido prestado por el miedo ajeno». Además, si se tiene en cuenta que «los imperios se miden en siglos, pero los poderosos descubren con terror que sus días y sus tronos tienen fecha de caducidad».

Se el primero en Comentar

Deja tu respuesta