MINISTRO DE DEFENSA?

Lo expresado por Paloma Valencia, que va a nombrar si gana la Presidencia, a Alvaro Uribe como Ministro de defensa no puede ser sino otro insulto más de esa campaña contra las víctimas de los falsos positivos, sus familias y la memoria histórica que cuenta que “los asesinados no eran guerrilleros, sino simples campesinos, estudiantes o desempleados. La JEP había publicado un resultado de 6402 “falsos positivos. La misma JEP subió el número de asesinatos a 7837, actualizando datos de las recientes investigaciones. No estamos hablando de un número cualquiera. Se trata de muertes fuera de combate, es decir, una ejecución extrajudicial, según el Derecho Internacional Humanitario. Estos asesinatos tenían como objetivo aparentar resultados operacionales exitosos contra el narcotráfico y las guerrillas con el fin de obtener descansos, condecoraciones, retribuciones económicas u otros reconocimientos. Para el derecho penal se trató de homicidios en persona protegida. Tales delitos por ser de lesa humanidad, no prescriben. Esto es que la justicia puede perseguirlos en cualquier tiempo.

Ahora, no se trata solamente de pensar que dichos crímenes se cometieron contra personas indeterminadas, en ese momento personas sin nombre, porque todo era una trama como las historias contadas por Edgar Allan Poe, pero por efecto de las investigaciones de las familias, de las confesiones entregadas por medios televisivos por los propios autores, se identificaron a seres reales, con padres, madres, hermanos y parientes, que los extrañaban mientras se dijo la verdad, y que aún hoy sufren esa pena. Supongamos que Uribe no dio la orden, pero alguien con mucho poder, ideó la campaña de “beneficios para la tropa”, hechos que no pueden volver a pasar en Colombia. Pensemos un instante: si se hubiera tratado de personas de la alta sociedad, la gente que vota a la derecha, estaría pensando lo mismo?, cambiaría de opinión?, pediría que buscaran a los criminales? Y, si los encuentran, estarían de acuerdo en que fueran llevados a las más altas posiciones del Estado? Esa propuesta de Paloma Valencia es un adefesio ideológico cuya sola argumentación causa vergüenza y pena. Pero esos son los extremos que estamos tratando de evitar, buscando la paz entre todos los colombianos.

Un proceso de paz es un esfuerzo político y diplomático continuo para poner fin a conflictos violentos mediante diálogo, negociación y mediación. Involucra etapas como la conciliación, la firma de acuerdos y su implementación, buscando transformar el conflicto armado en participación política. En Colombia, estos procesos han incluido desarme, reforma rural, justicia transicional (JEP) y reparación a víctimas. La visión de la paz mundial y entre países, evoca un mundo donde se reconoce el valor intrínseco de todos los seres humanos, independientemente de su raza, nacionalidad, religión o procedencia. Un pilar fundamental de esta visión es la creencia de que la paz no es simplemente la ausencia de conflicto, sino la presencia de cualidades positivas como la compasión, la empatía y la tolerancia. La propuesta de Paloma Valencia, llama a la paz o es un grito de guerra para seguir con las masacres, las muertes fuera de combate y el odio? Hay que revisar esa visión de país y preferir el programa que incluya la paz total, así demoremos un poquito más. A la paz llegamos mediante acuerdos, no por el número de masacres.

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