Parece que llegó la hora de enfrentar a los tres candidatos que puntean las encuestas, teniendo en cuenta la posición del Líder del Pacto histórico, que lleva la ventaja con números concretos. “Reto a la extrema derecha, a sus dos candidaturas, a la senadora Paloma Valencia y al abogado Abelardo de la Espriella, a que debatamos sobre propuestas de fondo”. No se trata, entonces, de seguir con las banderas del miedo y del odio, sino de exponer los programas y las responsabilidades que se derivan del ejercicio del cargo de Presidente de la República. El pueblo Colombiano ha entendido que la propuestas de Iván Cepeda son más coherentes con los intereses populares y que la armonización del sentimiento nacional en temas concretos es beneficioso para todas las tendencias que hoy tiene alguna relevancia en el ideario nacional. De allí que el o los debates dependan de la actitud de los otros candidatos pues tampoco es permisible que la campaña se desarrolle con argumentos de odio y miedo, como en una contienda de seres ajenos a los niveles intelectuales que exige la democracia moderna.
Lo que hemos visto y oído hasta hoy es la aplicación de la derecha contra los dirigentes de izquierda y progresistas, los principios del fascismo que usaron Hitler y Goebbels, en su campaña de dominación del pueblo alemán, contra los países de la tierra que se unieron en la alianza para derrotar al extremismo del Partido Nacional Socialista Obrero Alemán: El tercero llamado PRINCIPIO DE LA TRANSPOSICIÓN, que consistía en cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. Es decir. “si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan”. Este principio fue asociado a otro, el número nueve, denominado PRINCIPIO DE LA SILENCIACIÓN que consistía en “acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines”.
Esta historia repetida hoy por los medios de comunicación que se enfilan en la derecha extrema liderada por Uribe y su candidata Paloma Valencia y por el Candidato Abelardo de la Espriella, no puede ser la base de los programas que el pueblo colombiano quiere oír de sus presuntos líderes. Lo que reclaman las mayorías democráticas es que digan cómo cada sector de la sociedad participará en el programa y plan de desarrollo del candidato que gane las elecciones y que tales promesas sean cumplidas, no bloqueando al triunfador sino apoyando la expedición de las leyes y actos legislativos necesarios para que Colombia reviva la Esperanza y la cohesión de todos en materias concretas, financiadas con los recursos públicos y donde todos reciban apoyo gubernamental sin acaparamiento de recursos en manos de ningún sector y con total honorabilidad por parte de los contratistas que sean vinculados a la ejecución de las obras o la prestación de los servicios públicos.
El pueblo colombiano no puede seguir tolerando que se use del miedo y el odio en campañas electorales y que suele beneficiar a candidatos o partidos políticos que buscan movilizar a su electorado a través de emociones primarias en lugar de propuestas programáticas. Esta estrategia, a menudo asociada a la polarización y la «neopolítica», busca presentar al adversario no como un contrincante, sino como una amenaza que debe ser neutralizada. Cepeda no es una amenaza para nadie. Y ya las mayorías colombianas han tomado conciencia de su poder político porque según manda la Constitución (Art. 3º) “la soberanía reside exclusivamente en el pueblo, del cual emana el poder público”.
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