LA VIOLENCIA NO ES EL CAMINO

Los pacifistas rechazan la violencia y la guerra como métodos para resolver conflictos, optando por la no violencia activa, la diplomacia y la desobediencia civil. A diferencia de los violentos, quienes buscan causar daño para imponer sus objetivos, los pacifistas buscan preservar la vida humana, basándose en la justicia y el diálogo. Los pacifistas utilizan métodos no violentos (mediación, protestas pacíficas), mientras que las personas violentas utilizan la coerción, el daño físico o la guerra para lograr sus fines. Ahora, destruir es fácil. Construir requiere consensos. En un mundo de medios tecnológicos y armas sofisticadas basta apretar un botón o dar una orden y todo desaparece. Ese es el riesgo que corremos todos en manos de los asesinos en masa. Muchos de ellos con rango de jefes de Estado o de gobierno.

Algunos psiquiatras que han trabajado con asesinos, explican que en su larga trayectoria profesional encontraron rasgos distintivos de estas personas como : “la dificultad para comunicarse, la rebeldía contra los padres, una vida imaginativa,  sentimientos de insignificancia, deseo de venganza, temores, frustración y depresión”. Y esas características las vemos hoy, en sociedades avanzadas, que frente al no sometimiento del otro prefieren eliminarlo y acabar con el problema de una vez. El asesino es intransigente. El ser violento actúa a través de ese medio para expresar frustración, ira o para obtener control, poder y recursos, y a menudo  usa la fuerza como método de resolución de conflictos.

El conflicto armado en Colombia registra cerca de 9.9 millones de víctimas acumuladas en el Registro Único de Víctimas (RUV) entre 1985 y principios de 2025. Esta cifra representa aproximadamente al 19% de la población total, siendo el desplazamiento forzado el hecho victimizante más recurrente, seguido por homicidios, desaparición forzada y secuestro. Por eso lo que debe llevarnos a la paz no es el miedo sino la decisión colectiva de cumplir la Constitución que ordena la paz “como derecho y deber” (Art.22). A los violentos y a otros como sicópatas o sociópatas, poco les importa la Constitución, pero el deber ser de una República y de cualquier Estado es vivir en paz, armonía y solidaridad, sometidos a reglas de juego que se derivan de la Carta Fundamental del país.

Revisemos nuestra historia antigua y reciente. Los colombianos hemos sido víctimas de guerras internas entre caudillos centralistas y reformadores, liberales y conservadores, grupos guerrilleros, paramilitares, fuerzas de seguridad basados en doctrinas foráneas, narcotráfico, grupos armados organizados y hasta conflictos internacionales. Será que a los colombianos nos gusta ser víctimas? Tendremos que iniciar cursos universitarios sobre victimología comprensiva, para entender qué papel real desempeñamos en nuestra vida que a veces anhelamos seguir en nuestro papel de víctimas? Pero no, la reacción normal debe ser lograr la paz. Y estamos entrando en un periodo de cambio extremo, donde la derecha debe incorporarse en planes de crecimiento social y económico y no de explotación laboral, ni violencia selectiva. Estamos avanzando a otra etapa y con el diseño político e institucional del que está dando ejemplo el Pacto Histórico, vamos a ser una sociedad inclusiva, igualitaria, respetuosa y tolerante.

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