Este comportamiento de la sociedad puede interpretarse como la división de la opinión pública y las facciones políticas en dos extremos ideológicos opuestos, lo que provoca en algunos casos, la erosión del consenso, el diálogo y puede generar el aumento de la hostilidad mutua. Este proceso aparentemente debilita la democracia al inhabilitar la posibilidad de acuerdos, o cuando se convierte al adversario en enemigo y se radicaliza la sociedad. En casos específicos se priorizan mensajes emocionales sobre el análisis racional para dividir a la población, a menudo usando la táctica de «divide y vencerás». Pero no todas las sociedades pueden ser llevadas a tales límites. Puede haber momentos en que la sociedad tiene que unirse en proyectos específicos que son necesarios o urgentes y las manifestaciones comunitarias deberán orientarse a esa visión específica.
Para eliminar la polarización social o política se requiere fomentar el diálogo respetuoso, producir información diversa para romper «burbujas» y promover un liderazgo político moderado que evite la deshumanización del oponente. La clave está en crear espacios de cooperación, fortalecer la educación cívica y reducir la dependencia de narrativas extremistas. Los líderes deben abandonar la retórica de enemigos y adoptar discursos conciliadores que no busquen deshumanizar al contrario. La violencia que ha sacudido a Colombia ha sido producto de esas posiciones impulsadas desde el poder por gobernantes que se han distinguido como guerreristas o salvadores de ideologías extrañas a sus propios juegos de poder.
Sin embargo, parece haber menos conciencia social sobre cuáles son los recursos lingüísticos, discursivos y multimodales (imágenes, vídeos, gráficos, sonidos) que ayudan a polarizar los mensajes en mayor o en menor medida, tanto en los medios de comunicación digitales como en las redes sociales. Aprender a identificarlos es el primer paso para esquivar la trampa social que supone el uso constante del lenguaje polarizante en la comunicación pública. Tal calificativo puede darse al uso de términos, expresiones y estrategias que tienden a dividir a las personas en grupos opuestos y antagonistas, dificultando el diálogo y la colaboración constructiva. El lenguaje polarizante puede ir desde la atribución de características negativas al “otro” hasta la agresión verbal. Su uso es habitual en la contienda política, tal como reflejan los medios de comunicación diariamente.
Al iniciarse, entonces, la campaña política para la Presidencia de la República de Colombia, debemos exigir especialmente a los propietarios de los medios de comunicación que velen por ese comportamiento respetuoso que reclama el pueblo para tener unas elecciones tranquilas, que las narrativas sean constructivas y que están soportadas con la verdad y sean fruto de rigurosa investigación, porque de lo contrario se aumentará el clima de violencia que se mueve en todas las regiones del territorio. Por otra parte, estigmatizar por razones ideológicas, religión nacionalidad o ideología política o filosófica ya es delito en Colombia sancionado por el artículo 134B del Código Penal con prisión de 12 a 36 meses y multa de 10 a 15 salarios mínimos legales mensuales. (Adicionado Ley 1482 de 2011 Art. 4º. Modificado Ley 1752 de 2015 Art. 3º.). Ojalá entendamos que la paz empieza con el uso del lenguaje verbal o escrito. Los insultos llevan a la violencia y, a veces, a la guerra parcial o generalizada.
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