LA PAZ TOTAL

La paz total en una sociedad conflictiva como la colombiana se fundamenta en el diálogo, la inclusión, la justicia social y la reparación integral de las víctimas, buscando la transformación de las causas estructurales de la violencia. Se basa en pilares de confianza, legitimidad, participación territorial, y reconciliación con la naturaleza. También es necesaria la construcción de puentes entre actores sociales, políticos y armados para superar la desconfianza generada por conflictos pasados. Para lograr la «Paz Total» en una sociedad como la colombiana, marcada por el conflicto crónico no es simplemente crear un ambiente de  ausencia de guerra, sino la presencia de justicia, equidad y confianza institucional. Es un proceso sistémico que requiere pasar de una «paz negativa» (parar las balas) a una «paz positiva» (transformar la sociedad). Los vendedores de armas influyen decisivamente en la guerra al suministrar material bélico que inicia, mantiene y exacerba conflictos, obteniendo ganancias récord durante las crisis. Como actores clave en la geopolítica, impulsan el aumento del gasto militar y la inestabilidad, consolidando alianzas estratégicas mientras provocan graves consecuencias humanitarias y destrucción a largo plazo. 

Hasta el corte más reciente de abril de 2025, el conflicto armado en Colombia ha dejado un total de 9.880.182 víctimas registradas oficialmente por el Estado colombiano. Esta cifra representa casi el 18% de la población total del país. Dicha información debería llevarnos a lamentar de manera seria y con arrepentimiento social e institucional, que tan graves hechos vuelvan a repetirse o continúen por egoísmos, diferencias ideológicas o partidistas o, simplemente, por egoísmo y avaricia. El Ejército Nacional ha reportado más de 18.800 militares muertos y cerca de 5.000 desaparecidos en el marco del conflicto. No solamente debemos mirar la tragedia social, sino la destrucción de miles de familias y proyectos de vida que se disiparon por causa de actores salvajes y monstruosos, que se satisfacen con la muerte de otros, mientras ellos terminan enriqueciéndose con tierras robadas y bienes recogidos ilícitamente en medio de la refriega.

Quienes  más se benefician de la guerra son aquellos individuos, grupos económicos y hasta empresas financiadoras de esa barbarie. Entre quienes se benefician de los conflictos se encuentran líderes políticos, que se ganan su reputación y poder por ser duros y plantar cara al otro bando, y líderes militares cuya reputación se ha ganado (o se está ganando) con aparentes victorias en batalla. La guerra genera oportunidades para el saqueo, la producción y el comercio ilícito de drogas, diamantes, madera y otros productos básicos. Hay que establecer drásticas sanciones para el testaferrato pues tales personas se convierten en una herramienta para simular legalidad en actividades cuyo trasfondo suele ser irregular o ilegal. Así, el testaferro pone a disposición no solo su nombre, sino también su identidad para que otra persona pueda celebrar contratos, adquirir bienes o ejecutar transacciones en su lugar. La guerra tiene un entramado misterioso de complicidades y ocultamientos que sorprenden cuando salen a la luz pública.

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